
No soy una sirena
que quiera con mi canto
hacerte naufragar
y ahogarte del todo.
Tu asfixia no es mi culpa
ni mis manos
te han rozado siquiera,
porque conozco el dolor
aunque no confíes.
Tengo dos piernas
y no canto bien
mis manos acarician,
no se alzan
en son violento
mi voz no quiere
imponerse sobre otras
y cuando alguien
lo pretende
desaparezco
pues no nacimos para sufrir
ni para obedecer
como becerros
sino para vivir
y ser libre dentro del amor
disfrutar de la vida.
Tampoco soy Eva
ni tengo un canasto de manzanas envenenadas.
Ni me gustan.
No veo serpientes por aquí
ni este es el Edén.
Soy yo, sencillamente.
Un puñado de mails
y algo más en tu imaginación.
No soy una nínfula,
pues tengo treinta y dos años,
ni eres tú Hummber Hummbert.
Soy una mujer
como cualquiera otra
en el universo infinito.
Y como cualquier ser vivo
tengo mi derecho divino a ser amada, pero no por ti,
pues no quiero yo, ya que no me quisiste.
Tengo mi derecho divino a ser amada,
como en la canción.
Sin condiciones.
Y lo seré.
Carolina Torrecilla García, Málaga, a 26 de septiembre de 2009





















